Microrrelato 51: Libertad.

4 Abr

Asomó tímidamente la cabeza por el agujero. No vio nada. Tuvo miedo de salir. Pensó que enseguida lo descubrirían. Qué pena –se dijo – todo este tiempo excavando los túneles, ansiando salir de este encierro, y ahora no me animo. ¿Y mis amigos? ¿Dónde se quedaron? Si no estuviera solo quizás me animaría a correr. Tal vez ellos encontraron antes la salida y ya se fueron. ¿Voy? ¡Voy!
-El pobre topito no resistió el sol de esta canícula –dijo el cazador, levantándolo con suavidad. -Habrá muerto de sed, pobre bicho…

Autora: Alicia Oliveri.

Microrrelato 50: El tío Ricardo.

10 Mar

El tío Ricardo siempre había sido un mujeriego; nunca faltaba una hembra dispuesta a caer en sus brazos. Tenía además la costumbre de dejar entreabierta la ventana de su habitación en verano. Y desde un ventanuco que había junto a las escaleras se podía cotillear lo que ocurría dentro de su cuarto. Una semana aparecía una rubia, a la siguiente una mulata, Ricardo cambiaba de mujer como de camisa. Y un día la que estaba en su cuarto era mi novia. El caradura no respetaba ni a la familia.

Autor: Raul Mateos Barrena.

Microrrelato 49: El dragón y la princesa.

26 Feb

Empujé la puerta del castillo y entré en el patio. Allí estaba esperándome el monstruoso dragón. Cuando abrió la boca, me cubrí con el escudo, temiendo que escupiera fuego. Nada sucedió. Le miré. El dragón trataba de decirme algo. ¿Qué? Desenvainé mi espada y me acerqué a él. Se la clavé. El dragón cayó muerto al suelo. Fue entonces cuando advertí que llevaba una cadena en una de sus patas. Apenas tiempo de pensar en ello porque la princesa apareció por una puerta.
–¡Mi libertador! –exclamó.
Me convertí en su nuevo prisionero.

Autor: Plácido Romero.

Microrrelato 48: Crónicas del inframundo.

5 Feb

La única distracción que tengo es oír el lejano ladrido del perro de tres cabezas y observar al barquero en su lúgubre trasiego de almas. Su larguísima barba le arrastra por el suelo y su piel acumula arrugas de miles de años. Metió su reseca y huesuda mano en mi boca, buscando la maldita moneda, pero solo los buitres se acercan a los cadáveres de los caídos en el campo de batalla. No estoy solo, somos muchas sombras las que erramos en esta orilla y los que maldecimos sin cesar la terrible avaricia de los dioses.

De: Encarna Cuesta García.

Microrrelato 47: Mariposas vespertinas.

27 Ene

Caminaba con rapidez y nervios. Cuidar de sus padres hasta que fallecieron le había dejado sin vida social durante años, o esa había sido siempre su principal excusa. Ahora eso había cambiado e iba por la calle para tener su primera cita.
Pese a los traspiés de la inexperiencia y el frío que hacía aquella tarde a la orilla del río, fue un trance cómodo. Consiguió atrapar el perfume en la ropa y la promesa de volverse a ver.
Nada más llegar se dejó caer sobre la cama. ¡Al fin sentía mariposas en la barriga! Bandadas de mariposas.

 

Autor: Toné Roma.