Microrrelato 48: Crónicas del inframundo.

5 Feb

La única distracción que tengo es oír el lejano ladrido del perro de tres cabezas y observar al barquero en su lúgubre trasiego de almas. Su larguísima barba le arrastra por el suelo y su piel acumula arrugas de miles de años. Metió su reseca y huesuda mano en mi boca, buscando la maldita moneda, pero solo los buitres se acercan a los cadáveres de los caídos en el campo de batalla. No estoy solo, somos muchas sombras las que erramos en esta orilla y los que maldecimos sin cesar la terrible avaricia de los dioses.

De: Encarna Cuesta García.

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