Microrrelato 32: El sueño.

1 Dic

Te acercaste a mí para acompañarme por las calles entre las ruinas de la noche. Eras bella, de tez blanca, cabello negro y tus ojos misteriosos. Buscábamos un edificio parecido a un hotel, pero dimos con puentes y edificios abandonados, fábricas viejas, cemento solitario; paisajes urbanos que engrandecían nuestra compañía entre tanta desolación. Fuimos en camino hacia un lugar donde unir nuestros cuerpos y al fin lo encontramos… lo demás no lo recuerdo.

Autor: Roberto M. Saldívar.

Microrrelato 31: Olvidé las cicatrices.

1 Dic

Mi espalda marcada por cicatrices del pasado, cada cual más profunda que la anterior. Todas con algo en común, la confianza. Me prometí cerrarme y no confiar en nadie más.
Y de pronto llegaste tú, con tu sonrisa perfecta, tus ojos de un azul tan intenso que me hacían suspirar… Y tantas cosas de ti me perdieron que no me di cuenta que en tu mano había una daga que iba directa a mi corazón. Y esta no haría una cicatriz, esta derramaría eternamente mi sangre mientras mi mente seguirá reprochándome, a través de recuerdos, por qué no te dejé entrar.

Autora: Andrea Rodríguez.

Microrrelato 22: Deseo de hombre.

24 Nov

Todos los días pasa frente a mí, orgullosa, moviendo rítmicamente sus enormes glúteos, apuntando con la nariz al cielo. Se cree superior a lo que le rodea, digna de ser alabada como una diosa. Por eso cuando la veo siento deseos de morir y reencarnar en la forma de un cuchillo que le aseste el golpe mortal, y así cortar sus vísceras, probar su sangre, vivir su muerte. Pero es solo un pensamiento efímero, un deseo fugaz que fenece cuando recuerdo que es la madre de mi hijo y que por la noche dormirá a mi lado.

Autor: Lester.

Microrrelato 7: Me preguntaron…

2 Nov

Me preguntaron sobre el odio y el amor, pero como no soy muy sentimental, respondí con términos matemáticos. Dije que el resultado de elevar al cuadrado un número negativo, era el mismo que si se eleva ese número en positivo.
Un ejemplo: 2² es 4, igual que -2².
Me miraron extrañados y añadí que sucedía exactamente igual con el amor y el odio; dos veces odio es lo mismo que dos veces amor. En fin, todos pensaron que me equivocaba.

Autora: Lidia Crego.